La importancia de la actividad física a partir de los 65 años

El ejercicio y la actividad física mejoran la salud, la calidad de vida y la independencia de las personas. Pero a partir de los 65 años nuestra condición física empieza a deteriorarse. ¿Significa eso que debemos renunciar a ejercitar nuestro cuerpo llegada cierta edad? ¡No! Ahora más que nunca debemos mantenernos activos y cuidar nuestro cuerpo. Además de una correcta alimentación, los adultos deben llevar a cabo una serie de ejercicios o actividades físicas diarias para fortalecer su salud y reducir los riesgos de padecer determinadas enfermedades. A continuación os ofrecemos algunos consejos sobre la actividad física a partir de los 65 años.

Cuidado de mayores; agradecimiento a quienes nos hacen ser lo que somos

El cuidado de las personas mayores o de la tercera edad se ha convertido en las últimas décadas en una necesidad que va en aumento.

La tercera edad es un término que se refiere a las últimas décadas de vida, cuando el individuo supera los 65 años de edad.

Debido sobre todo al incremento de la esperanza de la vida y a la escasa natalidad España, en los últimos 30 años, ha duplicado el número de personas mayores.

Actualmente, este segmento de la población representa un 17% del total, pero se estima que hacia el año 2050 este porcentaje se elevará por encima del 30%.

El envejecimiento es una realidad determinada y condicionada por múltiples factores y que tiene efectos en diferentes ámbitos: médicos, sociales, económicos, psicológicos, etc.

Existen tres situaciones en las que las personas mayores tienen que apoyarse en su entorno:

  • Las que viven solas.
  • Las que padecen enfermedades geriátricas y necesitan atención a largo plazo .
  • Las que tienen enfermedades degenerativas crónicas, con riesgo de perder autonomía.

Para gestionar esta situación es preciso:

  • Crear un sistema de cuidados con el fin de ofrecer las atenciones adecuadas.
  • Mejorar el apoyo a los familiares cuidadores.
  • Suministrar cuidados paliativos para lograr un fin de vida digno.
  • Conseguir una mayor integración de las personas mayores en la sociedad, a través del fomento de una vida activa.

Se estima que el porcentaje de personas mayores que necesitan cuidados en España es de aproximadamente el 15%. Por lo general, es la familia la que asume la mayor parte del cuidado y suele recaer principalmente en un miembro, que suele ser mujer.

No siempre es fácil realizar esta labor y, normalmente, la persona que asume estos cuidados no está debidamente preparada para hacerlo. Se requiere esfuerzo, constancia y paciencia para integrar, poco a poco, las actividades que el cuidado precisa e intentar que afecte lo menos posible al resto de situaciones de la vida cotidiana como el trabajo, los hijos, la pareja, etc.

Habitualmente el cuidador es hijo de la persona a la que cuida; está casado y trabaja en el hogar. No obstante, cada vez son más los que permanecen activos y deben compatibilizar ambas labores.

A la hora de encarar esta situación de cuidado de las personas mayores, la persona responsable deberá establecer mínimamente un plan de actuación:

  1. No olvidarse de sí mismo. Debe intentar que el cuidado no le aleje de las situaciones que le permitan vivir una vida lo más adecuada posible a sus necesidades.
  2. Establecer el lugar idóneo para realizar los cuidados. Éste debe reunir una serie de medidas de seguridad e higiene y que variarán en función del grado de dependencia que tiene el asistido.
  3. Establecer las horas que se disponen para esta actividad. Buscar la conciliación de esta tarea con las demás que componen su vida: cuidado del resto de miembros de la familia a su cargo, trabajo, necesidades propias, etc.
  4. Planificación económica. Es preciso disponer no solo de tiempo o lugar, sino de los medios económicos que la nueva situación supondrá como: medicamentos, servicios médicos o asistenciales diversos, etc.
  5. Posibilidades de recibir información adecuada. Se hace muy necesario disponer de medios de consulta en caso de ser necesario y esta disponibilidad debe ser permanente.

Cómo evitar la deshidratación de nuestros mayores en verano

El agua es un nutriente esencial y constituye más del 50% de nuestra masa corporal. Las reacciones químicas de nuestro organismo no pueden tener lugar sin ella; sirve como transportador de nutrientes y ayuda a la eliminación de los desechos y toxinas.

La deshidratación tiene lugar cuando no existe un equilibrio entre la ingesta y la pérdida de líquidos.

El aporte de agua en el organismo procede de las siguientes fuentes principalmente: del consumo de líquidos, del consumo de algunos alimentos sólidos, sobre todo frutas y verduras cuya composición puede alcanzar casi el 100% de agua, y de las pequeñas cantidades que se producen en los procesos metabólicos.

El consumo medio de agua requerido en la edad comprendida entre los 19 y los 70 años, es de aproximadamente 2 litros diarios.

Con el paso de los años, se producen cambios en la función renal y una disminución de la sensación de sed; esto conduce a una menor ingesta de líquidos y puede provocar un mayor peligro de deshidratación en personas de edad avanzada.

En las personas mayores ingerir líquidos y alimentos ricos en agua, se convierte en un factor fundamental para su salud. La deshidratación constituye uno de los 10 diagnósticos más frecuentes que provocan hospitalización en mayores de 65 años. Las características más habituales que presenta son: hipotensión, aumento de la temperatura corporal, confusión mental, dolor de cabeza, irritabilidad, sequedad de mucosas, orina escasa, etc.

La prevención es el mejor remedio para una problemática muy común en esta época del año: es imprescindible beber abundantes líquidos aunque no se tenga sed, no realizar ejercicios en las horas centrales del día, vestir ropas adecuadas al ambiente en el que se vive, informarse convenientemente de las temperaturas previstas para evitar los golpes de calor y, por encima de todo, ingerir alimentos adecuados que contengan un alto porcentaje de agua.

Cada etapa de la vida presenta unas características a las que es preciso prestar atención si deseamos llevar una vida saludable y adecuada a nuestras necesidades.