Pérdida de apetito en los mayores

La hiporexia o disminución del apetito puede ocurrir a cualquier edad, pero es más frecuente que ocurra en la tercera edad. Esta situación puede ser consecuencia de múltiples factores, por lo que una vez detectada, es preciso indagar en el paciente y prestar atención a las posibles causas que pueden desencadenarla.

Pérdida de apetito en los mayores

Un alto porcentaje de personas mayores de 80 años, presenta alteraciones en el apetito debido a factores fisiológicos, es decir, tiene menos necesidad de alimento debido a la menor actividad física o, simplemente, porque su estómago demanda menos cantidad de comida.

Con la edad se producen cambios en lo que respecta al consumo de nutrientes, la digestión y la absorción en el sistema gastrointestinal. Puede ocurrir que las personas de edad avanzada tengan pérdida de olfato, gusto o vista y esto repercuta en su apetito o que, por ausencia de piezas dentales, presenten dificultades de masticación o padezcan sequedad bucal por carencia de saliva suficiente.

Una enfermedad que muy frecuentemente puede acarrear hiporexia es la depresión. Las personas mayores pueden caer en estados depresivos más fácilmente consecuencia, por ejemplo, de la muerte de seres queridos o de cambios de domicilio provocados por el traslado obligatorio a una residencia o a hogares de familiares cercanos para atenderles.
Existen otras muchas enfermedades que pueden provocar la disminución del apetito como ciertos tipos de cáncer, enfermedades hepáticas, insuficiencia renal crónica, EPOC, demencia, insuficiencia cardíaca o el uso de ciertos medicamentos.

Es fundamental realizar un control permanente del peso, no dejarles solos a la hora de comer y supervisar que los alimentos que ingieren son los más adecuados a sus necesidades y su dieta es equilibrada y nutritiva.

Se calcula que las mujeres mayores de 65 años necesitan consumir aproximadamente 1.850 calorías y los hombres de la misma edad, unas 2.200 considerando que. estas cantidades van disminuyendo a razón de un 10% cada 10 años.

Es preferible fraccionar la alimentación en cinco tomas diarias y, en la medida de lo posible, proporcionarles preparaciones blandas. Es recomendable evitar el consumo de alcohol, y el café se puede sustituir por descafeinado o café a base de cereales.
Siempre es necesario el consejo del médico y del nutricionista, y debemos acudir a ellos para cualquier duda o consulta.

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